
Manyus Her
Vivir hondos minutos
con plenitud de años.
Dámaso Alonso
De los sueños difusos en prisión se multiplicaron las pesadillas de horror, temor, temblor… con nudo ciego en la garganta no dejó salir el grito que liberara mi ser; las noches cortas cortaban de tajo la pesadez onírica, el golpe del cerrojo despertaba los asustados sueños, levantarse en oscuridad para zigzaguear en vigilia, arrimar al taller de carpintería, escuchando el eco monótono del martillo que retumbaba en mi cabeza como ritmo esclavo, la imaginación volaba cuando la sierra cortaba los tablones buscando los dedos para volarlos.
Después del trabajo se dejaban caer los murmullos como enjambre de moscas que saturan la mierda, con sus peroratas los internos manchaban el ambiente, las penosas pendejadas ahorcaban al ser en el callejón penalero sin salida; el único respiro de tranquilidad era al caminar en el declive de sol, fluían los recuerdos infinitos, volando los muros y evaporando la tristeza.
En uno de tantos viajes, me encontraba en la Habana, Cuba, recolectando los pasos en diez kilómetros diarios que me hicieron deambular por el Vedado, por la Habana Vieja, por la Habana Centro, por el Morro, por la Plaza José Martí, por el Salón Español… de allí salió este relato que escribo con regocijo y da vida a instantes que perduran pero que ya no son.
Manyus Her
CRS 2025
Del autor
En treinta años y pico de no músico, incansable buscador de ruidos, cadencias y cacheteos que rompan órganos con las gravedades sonoras del electric bass, sin llegar a consumar alguna rareza trascendental; iniciado en la amplitud filosófica de las cosmovisiones inagotables como lector, como estudiante eterno, como instructor en el afuera y en el adentro, aun sigo en los vericuetos, escarbando en los laberintos metafísicos sin salida, atrapado.
Por los malos consejos y consejeros de dudosa reputación, inaugurado en el mundo loco del rock And roll desde 1976; en el azul del blues desde 1978; en el universo infinito del jazz desde 1983; en el amplio abanico del punk y todos sus coloridos desde 1986; en la música orquestal y el multiverso ruidístico desde mi intensa vida inútil, solamente en la contemplación.
En las variaciones de mi vida que han marcado huellas entre lo exquisito y lo repugnante, caídas y recaídas que, hacia el final, despierto con el cubetazo de agua fría, dispuesto a aprender de ti hasta que se agote mi tiempo.
En el odioso mundo de las letras, más lector que pretencioso escritor… solamente mostrando, que corra la sangre como tinta roja, que el mundo sigue degollado.
Manyus Her
CRS 2025
Ron, son de la Habana
La cruda es más grande que la moral, como perros sedientos en el desierto amanecimos Darío Plástico y yo (Manyus Her), la humedad pegasola en nuestra cruda realidad, socorridos por mi amiga, una irlandesa que se hospedaba en el mismo cantón, en el comedor nos esperaba la bella sajona con su botella de ron añejo y unos platos con frutas, los remedios caseros aliviaron con las horas de naranjo en té y un buen sorbo de ron, ahora disfrutábamos del espacio que antes de la revolución había sido un lujo, con vitrales preciosísimos, estatuillas de mármol blanco italiano y una mecedora de cuero más cómoda que la cama.
Ya calmadas las náuseas locas, la tierra seca de nuestro ser se volvió a hidratar, regresó el alma al cuerpo, la irlandesa nos invitó a bucear, nosotros decidimos volver a navegar en el barco ebrio, ya estabilizados partimos los tres a caminar por el centro, ella se despidió para ir a la mar y nosotros llegamos a punto en la fábrica de tabaco, donde nos reunimos con el guía, era un ambiente sutil donde los turistas principalmente europeos degustaban los habanos en sus distintas marcas y tipos, nosotros paladeamos un ron (quido) más y llegó un tercero quien era el conecte en el mercado negro, donde las aguas siguen calmas con la discreción total, salimos de la fábrica dirigiéndonos a un cantón grandísimo, fuimos recibidos por una docena de vatos sacados de juegos olímpicos, con su cuerpo trabajado y esculpido, el guía se puso nervioso al aparentar una emboscada en cueva de lobos, el anfitrión, un beisbolista de lo más amable, sacó dos vasos de veladora grandes, le hicieron llegar a su mano una botella de Stolichnaya ruso y sirvió tres vasos al copete, cogió el suyo y bebió a fondo sin respingo, Dario Okastuci y yo hicimos lo mismo, con la cruda que nos cargaba fue como gotas de alivio; en la inmediatez volvió a llenar tres vasos más, solicitamos un jugo de toronja y hielos para hacerles apetitosa la sustancia; pero empezó la negociación como si se tratase de una pequeña subasta particular, sacaron doce cajas de puros con diferentes tipos y marcas, necesitamos tres cajas repliqué, nos hicieron cuatro paquetes de tres cajas cada uno en el siguiente orden: 1500, 1200 y 1000 dólares americanos, nos llenó el ojo los partagas de colección, con su valor de 1200 por lo que el martilleó fue a la baja, pero antes de negociar el precio final, nos invitaron un par de torpedos partagas, que el primer fume fue un patadón más duro que el vodka; así cocidos por los alcoholes y golpeados por los humos llegamos a un acuerdo bien logrado, por 800 dólares americanos por tres grandiosas cajas que deleitaron los paladares en tierras tapatías.
Entes de salir del cantón refrescamos lo humeado con vodka y jugo, caminamos otra vez en los ebrios sentimientos, el agua sintió que su corazón empezó a latir después de salir de la cantona, nosotros seguimos la ruta empedernida del alcohol, ron, en el hotel inglés acompañados por un trío que hacía homenaje a Miguel matamoros; volvimos a reunirnos con la irlandesa para comer pescado del caribe cubano, gozamos del instante que retrata la plenitud de años, tabaco, ron y son en la Habana.
La embriaguez volvía a cubrir la noche, deambulamos sobre el malecón hasta el amanecer, contamos los pasos para llegar a nuestra estancia, dormir un poco para aventurarnos en otro día más.
Al despertar cuatro horas después, marcando el reloj las doce menos quince, ya se encontraba la irlandesa en el comedor con ron y frutas tropicales, de esta cruda infernal tuve que recurrir al remedio de mi cantina preferida en Guanatos, una piedra con distintos alcoholes fue lo que regresó el ánima perdida, Darío Plástico prefirió el té amargo con ron y la irlandesa bebió de mi piedra sin susto.
Salimos rumbo al morro, después de caminar y arrojar los vapores etílicos, nos refrescamos en la bodeguita de enmedio para que los mojitos volvieran el pisto a las venas, fuimos a comer y beber un par de bucaneros, regresando al cantón porque la noche sería larga, ya que nos esperaba la celebración del 50 aniversario de la revolución cubana en la plaza José Martí, dormimos hasta entrada la oscuridad, salimos como lechugas, lechuguillas, con tres botellas de ron, la irlandesa con la edición especial, mientras nosotros como turistas del tercer mundo, con ron básico, blanco que con agua de coco sabe a mieles preciadas.
El bailongo dejó caer a la multitud, 10 mil cuerpos presentes, esperando a Fidel para su discurso, el baile movía a la masa amorfa al ritmo de los Van Van, la huaracha, el son hizo que la irlandesa abandonara su espíritu para volverse afrolatina y contemplamos los pasos al son del ron, es increíble, toda la raza borracha sin ningún incidente, esa experiencia retrató mis felices días en la Cuba, la mía Cuba.
Delirio
Encarcelado en los
turbios sueños,
flotando en una
botella de ron.
Aluciné en tres tragos
al lado del Che, pisamos
la Habana de nuevo,
socorridos por son y ron.
Derramados los sueños,
seguía en prisión,
escuchando el son
de Santiago sin ron.
La inmortalidad del Che – pe
Yo no olvido el año viejo o me cago en el año nuevo, este dilema se escuchaba en mi barrio desde que era morro, el latir del corazón de Mr. Lavre dejaría polvos en el viento, pero los setentas del siglo veinte ya se escurrieron, ahora me encontraba en otro siglo (XXI), en otra circunstancia, extranjera, en otro barrio; llegamos caminando y meando a tiempo al Salón Español para discutir el dilema en la mesa tres botellas de ron y bocadillos era la misión del año viejo en la postrimerías del año nuevo, lo viejo del año 2008 marcaría también la entrada triunfante de la revolución cubana en su 50 aniversario, Darío Plástico y yo (Manyus Her) íbamos como especialistas melómanos a acariciar nuestros sentidos con bolero, son, huaracha, danzón, mambo, que alguna de estas proezas musicales acalambraran el cuerpo y saltara danzando. En el amplio salón abundaban las cubanas, pero vino la extrañeza en la noche vieja se anunció a un imitador de música mexicana, nos chingaron la vida, no por lo de música mexicana sino por la circunstancia no nos salvaríamos, para acabarla de joder, éramos los únicos mexicanos en una noche cubana a la mexicana.
Bebimos un doblete de ron con coco y en vez de huarachar, tronamos derritiéndose, fundiéndonos con las bellezas cubanas, bailamos planchao las historias tristes de tragedias y amor despechado que inmortalizó la voz del príncipe, José José, los suspiros ardientes de las cubanas en el oído, volaban el espíritu de eros, los sentidos satisfechos en los placeres nos regresaban a México, no dejaba el imitador de saludar y dedicar esta canción a los únicos mexicanos, el ron transfiguró con magia negra a las cubanas de fuego; el romanticismo empedernido del Chepe cortó como cirujano el año viejo, amanecí cobijado con las pieles de la cubana en el año nuevo.



