
Manyus Her
Manyus Her es un escritor tapatío que enfoca la tecla en el mundo de la melodía de color oscuro. Navegante inagotable en las aguas del ritmo en busca de nuevos matices, incluso en los viejos acordes revisitados obsesivamente por la necedad curiosa que le caracteriza.
Desde finales de los 80 y hasta terminados los 90, Manyus formó parte de “Atheos” banda pionera y legendaria de la movida punk tapatía, contribuyendo con el ruidajero de la agrupación mediante el aporreo del bajo, bajo el influjo de su pasión por aquello que cambiaba la cantidad de sus sentidos de cinco a tres o dos…o a nada.
Aquí, Manyus Her nos obsequia una serie de pequeños ensayos muy personales en donde trata la historia de algunas bandas y músicos que a lo largo de su vida le han acompañado.
Aquí el primero de cinco, que lo disfruten.
Eduaro Lemus
Bristol,1977
Lo que fue la segunda ciudad más poblada de Inglaterra, después de Londres, ya había sido rebasada por Manchester o Liverpool en un cuarto o quinto plano de importancia inglesa los seres oriundos del puerto ciudad, hartos y aburridos en el suroeste británico, daban patadas de ahogados. Un jovencito de 17 años llamado Mark se aferraba a los sonidos del funk, del free jazz, del dub y del punk, desde que Mark balbuceaba y sus pañales llenos de orines, se movía con frenesí, en los ritmos de Funkadelic, James Brown y Marceo Parker; en sus primeros pasos la reverberación de los ecos de reggae hacía el dub en su caminar; como muchachito de secundaria corría en sus venas la velocidad política de Iggy Pop y MC5 y a los 15 años se adentraba en las disonancias del free jazz con Ornette Coleman, Cecil Taylor y John Coltrane principalmente.
Llegaba su tiempo en 1977, Mark en las vocales reuniéndose con el guitarrista John, el bajista Simon, el baterista Bruce y el saxofonista Gareth formaron The Pop Group, la banda pionera del post punk y del industrial, sacaban lumbre desde Bristol como barco de vapor incendiado.
Las giras internas de la banda pop de Stewart por Londres, Manchester, Liverpool, Sheffield, Nottingham…así como las capitales europeas: Roma, Paris, Viena, Berlín, Madrid, Lisboa, Praga…su fuerza y la voluntad de poderío recorría las venas como el pisto. Pasaría una década para enterarme del trabajo de Stewart, en 1988 en la tediosa ciudad de Guanatos nos rascábamos el ombligo de la luna sin sangrar del todo, fue entonces que se presentó Charles el skin con un par de cintas “Y” y “For how much longer do we tolerate mass murder?” y desde ese momento nada volvería a ser igual, toda la sordera en la ciudad se destapó, arrojando la cerilla por el resumidero en el corazón subterráneo, desde las alcantarillas corría el río del underground hacia tierras tapatías, llegarían mas joyas del diablo, quien celosamente las guardaba en el mismísimo culo del infierno: Gang of four, PIL, Magazine, Joy Division, The Slits y de la encantadora escena de la No New York con 8 eyed spy, James White and the Blacks, Suicide, Mars, DNA, fue un semillero para la infertilidad de la ciudad, donde los brotes de sur a centro enraizaron la no existente escena punk tapatía, pero los jóvenes opacos, locos y pocos miembros de oído crítico y etílico salieron por lo suyo.
Caminaba por los rumbos del barrio de la capilla e inesperado un vato de ojos saltones, me observaba sin parpadear y debajo de su sobaco izquierdo llevaba un lp de The Germs, una joya en vivo, yo traía en mi sobaco derecho algo texano de mi banda preferida por los tiempos secos, Butthole Surfers, no solamente cruzamos miradas sino intercambiamos palabras, de ese momento sagrado surgiría la escena de punk hardcore tapatía retratada en las décadas posteriores.
Regresando a Mark Stewart and the Maffia, conseguimos el lp de learning to cope with cowardice quien nos obligaba a reunirnos para su escucha profunda en el dub experimental que nos sumergía más de tres minutos en la espesura, esas vivencias nos desgastaban las botas sin caminar, llegaría más tarde la inmersión del vengador a la radio universitaria y desde esa plataforma de las ondas hertzianas lanzaríamos cantidad ingente de la diversidad de ser y vivir el punk, post punk, new wave, no wave, hardcore y tantas rarezas más.
Desde 1988, de aquellas vivencias experimentamos todos los sabores y olores de la ginebra que al agrado del oído exigía más, se venían cascadas de disonancias y gritos que reclamaban la liberación de una sociedad controlada y enajenada. Sin cambios significativos, pero a nivel personal atravesó nuestras vidas, la jodida sociedad de modas cambió de calzones mientras en nuestros marchitos corazones siempre la rebelión continuaría.
Todo inicio también conlleva su derrotero, las cosas no son como uno las desea, sino que, en el caos universal, repentinamente se truenan sin el menor esfuerzo, la permanencia no existe, dialogábamos a menudo el sapo y yo desde aquellos ayeres; toda tragedia desembocaría en la existencia profunda del ser y de tal forma chingaría la vida.
Por lo que la muerte siempre está presente, en el mismo año jubiló a Mark y meses después al Sapo, desde abril hasta septiembre de 2023 se cavaron sus tumbas guardando todas las enseñanzas, así el viento secó los lagrimales, cerrando un capítulo desde Bristol hasta Guanatos.



